jueves, 4 de julio de 2013

Mi vida después de ti

Después de que sané un poco el corazón, tras su partida, me perdí en la vida, me sumergí. Me fui a desayunar, comer y cenar a donde mis amigos me llevaban, debo reconocer que hubo mucha gente que me fue levantando poco a poco del dolor, aunque al final, cuando caía la noche y quedaba sola, el dolor estaba ahí, para recordarme que haga lo que haga, siempre estará conmigo, hasta el resto de mis días. 
Compré flores, de mil colores, otras blancas y unas cuantas rojas que me regaló un admirador, que apareció de la nada, se enamoró de mi, de mi cara triste y de mis ojeras, se enamoró de mi sombra, ni él sabe porqué, yo tampoco. Compré un florero, le puse agua y las flores, para no sentirme sola, cuando lo estoy. 
Inútilmente traté de olvidarlo todo, las madrugadas fueron cada vez más largas y el sueño nulo. Los amigos nunca se fueron, brindaron conmigo, me abrazaron y me 'palabrearon' un 'mundo mejor'. Tomé cerveza y canté mucho, canté nuestras canciones, las tuyas, las que hice mías, para sentirte vivo, las que me ponías siempre. 
Me hice fuerte, tan fuerte para que nadie me dañara, tan fuerte que ya nada me dolía, nada que no fueras tú. Tan fuerte para no llorar frente a nuestros padres, tan fuerte para decirle a A, nuestro hermano, que todo estará bien. Tan fuerte para hacerme cargo de tu perro, ese que te extraña más que todos, y que tiene fe en que volverás. 
También enloquecí, aún me pasa, tengo rabia, luego pienso en el coraje de todos, todos lo que pierden a un hermano, un hijo, un padre, una madre y me doy cuenta que soy parte del montón, ¿por qué tendría que ser especial?, me visto y sigo de pie. Tú me empujas para adelante. 
Cada 8 de mes visito el cementerio, está en medio del campo. Los árboles, el zacate, la maleza, se mueven con el viento. Colocamos las flores y el corazón en cada visita, la voz de mi madre se corta y sólo dice: 'mijo', y sus ojos se mojan.

La vida después de ti no ha sido fácil, para los que te queremos. Nuestro mundo dio un giro de 360 grados. La vida nos golpeó tan fuerte, sin piedad, que ni supimos de donde nos salió la fortaleza. Donde quiera que estés, debes saber que siempre te amaremos, que nunca te olvidamos y que seguiremos de pie hasta que así sea. Estoy segura que el destino me pondrá otra vez frente a ti. Allá nos vemos mi niño. 

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